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Publicado

enero 4, 2024

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Por Colectivo de Investigación e Incidencia


Los observatorios de fenómenos sociales

Los observatorios de fenómenos sociales son espacios que buscan observar y modificar el comportamiento de actores y agentes relacionados con algún fenómeno de la sociedad. Son herramientas de análisis y espacios de construcción conjunta para monitorear y comentar las políticas públicas con el objetivo de mejorar las relaciones entre los actores. Uno de los problemas principales que han enfrentado es su falta de continuidad en el tiempo en términos de financiamiento y de funcionalidad para la sociedad.

 

El observatorio que proponemos construir

La propuesta de un observatorio del libro y la lectura para el Estado de México gira en torno a monitorear las iniciativas de fomento y facilitar su seguimiento, evaluación y mejoramiento mediante la implementación de procesos de categorización, sistematización, diagnóstico e interpretación. Esto también incluye el desarrollo de sistemas de información específicos.

Un segundo objetivo plantea la necesidad de contribuir a la articulación de los actores del ecosistema del libro. En un escenario donde prima la desconexión y el desconocimiento de los distintos implicados, disponer de información sobre las dinámicas del libro y la situación actual del comportamiento lector nos permitirá aumentar los niveles de comunicación y traspasar las múltiples investigaciones que se realizan sobre la materia a los actores en terreno.

 

Hacia una propuesta alternativa para el observatorio: ¿qué otros fenómenos observar en el ecosistema del libro?

Los observatorios de fenómenos sociales suelen alimentarse de datos catalogados como “formales” u “oficiales” y suelen estar sustentados en fuentes de información que abarcan espacios, actores y prácticas específicas. En ese sentido, el proceso de discriminación, recopilación y análisis de información, no alcanza a englobar la totalidad del ecosistema del libro. Estos vacíos suelen ubicarse en la periferia del circuito tradicional del libro y la lectura, en algunos casos se les ha nombrado como “independientes” o “alternativos”.

El mercado de libros convencional en México se erige a partir de una serie de características que lo posicionan como el mercado hegemónico, el más concurrido, el que mejor monetiza y, por ende, el que se promociona con mayor efectividad. Según diversos estudios sobre la industria editorial, el mercado convencional de libros nuevos en México se halla dividido en dos sectores: el público y el  privado, cuyos canales de venta y distribución son las macro-cadenas, escuelas y tiendas comerciales. Asimismo, se contemplan las plataformas de internet: Amazon, Google, Apple o Mercado Libre, las empresas dominantes del mercado de libros digitales en México con un 89% de uso.

El mercado tradicional se caracteriza por estar circunscrito a un modelo de librería en que se concibe al libro como un bien provisto de una distinción económica, social y cultural. Aquí se perfilan obras con un valor sustentado en la esfera académica, sobre filosofía, literatura y ciencias sociales.

Por otra parte, lo alternativo se conforma a partir de tomar y articular un sentido político de autogestión, de detectar vacíos estatales en la oferta y popularización del libro, de enfrentar problemáticas locales y de un proceso histórico que percibe cambios y continuidades entre prácticas y sujetos sociales.

Dentro de este circuito del libro, hay una amplia gama de actores o intermediarios que reciben diferentes apelativos: librero, vendedor, anticuario, promotor, entre otros. Vale la pena señalar que esa diversificación también está presente en la conformación de los lugares en que se produce, se promociona y se lee.

Ante la existencia de esta multiplicidad de espacios, necesariamente encontramos implícita la concepción y usos del libro que cada grupo o individuo le adjudica, pues poseer un libro no significa que éste siempre sea leído, puede ser considerado como una mercancía redituable, un bien cultural que distingue socialmente, un objeto coleccionable, una herramienta de transmisión de conocimientos, un detonante de la imaginación, un depósito de la memoria y un artefacto político conveniente para algunos y peligroso para otros.

El mercado alternativo, a excepción de las librerías independientes y las librerías de viejo, es básicamente ambulante y callejero, exhibe entre mantas que se despliegan sobre el asfalto aquellos libros que, por el proceso en que son adquiridos, resultan ser “raros”, descatalogados y difíciles de encontrar. La tipología del objeto impreso se extiende al centrar la mirada en otras dinámicas y geografías.

 

¿Cómo observar lo alternativo?

Los proyectos tradicionales que se encargan de analizar la situación del libro tienden a cuantificar a gran escala. Sin embargo, observar también lo alternativo, implica trabajar la parte cualitativa y la integración de las voces de los actores del ecosistema del libro.

El abordaje metodológico para cumplir con estos propósitos parte de la elaboración de entrevistas, análisis de información estadística, construcción de base de datos, investigación de campo a partir de la etnografía clásica y la etnografía digital.

Interesa, además, priorizar la construcción narrativa de los sujetos sociales implicados en el ecosistema del libro, concebidos como participantes activos que aportan sus propias percepciones, preocupaciones, experiencias y tensiones. Al integrar lo cuantificable, oficial y tradicional con lo cualitativo, alternativo y periférico, confiamos en que se pueda construir un observatorio del libro y la lectura que haga visible a todos los actores de su ecosistema.

 

Librerías en el Estado de México

Actualmente, ninguna ley mexicana define lo que es una librería. Podemos suponer que una librería es un espacio que tiene como mínimo el 50 por ciento de su superficie destinado a la venta de libros, los lugares que no cumplen con esto son considerados puntos de venta. En México hay 2600 librerías y puntos de venta de libros, de las cuales, las primeras suelen no proyectarse en el tiempo, pues dejan de funcionar rápidamente. Si bien algunas herramientas digitales nos permiten ubicar estos espacios, las bases de datos son insuficientes para saber exactamente dónde se ubica cada librería o punto de venta de libros.

A partir del confinamiento por la pandemia del COVID-19, y del cambio a lo virtual y lo remoto, se ha generado la necesidad de devolverle visibilidad a las librerías. En específico, las redes sociales han generado una nueva dinámica de trabajo para estas empresas. Varias librerías físicas han migrado a lo virtual, aunque no todas tuvieron las mismas posibilidades, pues esto requirió de tiempo y recursos económicos.

Otro aspecto por destacar de las librerías que, aunque son un pequeño motor de la economía, de la bibliodiversidad y generan un punto de encuentro para los miembros de las comunidades locales, y pese a algunos intentos pasados, no existe una escuela de libreros que pueda capacitar en este oficio.

Actualmente existen diversos tipos de librerías: de cadenas, independientes, de barrio, pequeñas, universitarias, corporativas, de viejo, disponibles en redes sociales, entre otras. Algunas de ellas están organizadas en dos organizaciones gremiales: la Asociación de Librerías de México (única reconocida por la Ley del libro) y la Red de librerías independientes (RELI). En el Estado de México hay dos librerías miembros de esta última agrupación: librería Barrueta y librería Navegui.

Es difícil definir el funcionamiento de las librerías, pues pareciera que todas trabajan de manera distinta en su relación con editoriales, distribuidores, universidades y facultades, asociaciones, escuelas, mediadores, otras librerías, y grandes editoriales que sólo venden a las grandes cadenas.Finalmente, entre los problemas centrales de las librerías, encontramos la falta de regulación comercial (precio único), la ausencia de programas de apoyo, la división en el gremio y la cadena del libro, una curva de aprendizaje pronunciada, la ausencia de medios de capacitación asequibles y la falta de datos estadísticos. Frente a algunos de estos problemas, nuestro proyecto confía en que la creación de un observatorio de la lectura y del libro nos permitirá comenzar a construir puentes y respuestas colectivas.

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